1.1 Descripción del problema y la formulación del propósito y las preguntas de investigación.
En la actualidad ya nadie cuestiona que la tecnología digital es cotidiana en la vida de los jóvenes. El estudio realizado por Garitoandia, Fernandez y oleaga (2004) sobre TIC y sus usos por niños y adolescentes[1] señala que,
“Los niños y los jóvenes actuales parecen haber integrado perfectamente en sus vidas todos los aparatos multimedia que les permiten el acceso al ocio, la comunicación, la información y el conocimiento. Muestran una relación perfectamente normal con las nuevas y viejas tecnologías de la información y su grado de asunción de las mismas”...(Garitaonandia, Fernández, & Oleaga, 2004).
Del mismo modo el estudio de la fundación Auna, “Menores en la RED” (2005) coincide en señalar que,
“Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), y en especial Internet, se han convertido en el “territorio natural” de los más jóvenes. En el año 2005 ya hay más niños navegando que adultos” (Miranda de Larra, 2005).
Los estudios y encuestas (INJUVE, 2004, Telefónica 2005, Auna, 2005, Ebcenter, 2004, Eurobarómetro, 2004) sobre consumo y frecuencia coinciden en señalar que los jóvenes son los usuarios más frecuentes y mayoritarios de la red. Sin embargo la mayoría de las conclusiones que se obtienen, se obtienen de datos de encuestas que si bien ayudan a conformar un panorama de uso, hacen difícil generar explicaciones comprensivas del fenómeno tecnológico en la vida de los jóvenes.
La pregunta que surge es ¿necesitamos saber más sobre la tecnología y los jóvenes? Consideremos los siguientes argumentos:
(1) El cambio en los gustos y consumos de las actuales generaciones es vista desde cierta perspectiva como intranquilizante y riesgosa, fundamentalmente, porque aún el fenómeno es ambiguo. Preocupaciones sobre los peligros de la red, como la pornografía, la violencia en los videojuegos y el consumo extravagante que puede afectar a los más jóvenes (menores en la red) así como preocupaciones en el orden moral, como el desencuadre frente a la fragmentación, la instantaneidad, lo efímero conforman las opiniones más divulgadas y pesimistas respecto de la tecnología y los jóvenes. Las posiciones radicales como la de Postman (xxx), respecto de la absoluta vanalización que los medios de comunicación hacen de la cultura dan cuenta de la aún vigente inestabilidad que estos temas producen en los diferentes sectores de la sociedad.
(2) Por otro lado, y tal como hemos visto los sectores comerciales y de ventas ven en este fenómeno una posibilidad importante de orientar el consumo y la salida de nuevos productos en forma permanente, considerando el perfil del joven internauta. Grandes encuestas y estudios son realizados por empresas como Telefónica, Auna o empresas privadas relacionadas con el rubro de las comunicaciones que nos arrojan determinada información sobre patrones de consumo y uso asociado, legítimamente a sus propios intereses.
(3) El campo de la relación usuarios-tecnologías es un campo inestable y cambiante las conclusiones referidas a frecuencia, tipos y formas de consumo deben ser vistas y observadas en forma permanente (tal como hacen los observatorios actualmente), pues el tipo de consumo no obedece a un patrón estable, sino que al parecer cambia con la misma rapidez que el producto que se consume. El último informe sobre el perfil sociodemográfico de las internautas españoles, (mayo de 2006) señala que:
“Estamos asistiendo a un proceso de maduración de los internautas españoles que realizan un uso de la Red cada vez más específico y especializado, dando mayor papel protagonista a las actividades funcionales, en detrimento de las actividades de ocio. En este sentido, tanto los contenidos de Internet, como la promoción de los mismos, deberían adaptarse a las nuevas líneas de actividades especializadas”[2].
¿Pero cuáles son las actividades especializadas de los jóvenes españoles? ¿Y cuáles son las tecnologías asociadas a éstas?. Hasta ahora es posible generar un patrón en base a los estudios en el marco de las actividades de entretención, socialización y estudio, pero ¿es posible fijar patrones aún más específicos de uso y consumo, en el orden de generar una mayor comprensión de las prácticas digitales de los jóvenes?
(4) Probablemente son las instituciones educativas y especialmente el profesorado quienes viven con mayor intensidad lo que desde la academia denominan el “cambio épocal”. En las escuelas el cambio epocal ha significado una doble presión, por un lado repensar como resultado de nuevas visiones, estudios y proyecciones la enseñanza para una sociedad en permanente cambio; y por otra aceptar y vivir que los jóvenes de la llamada “generación digital” tienen su propia agenda. Pareciera que la brecha generacional se vive con mayor intensidad ahora que antes.
La contraposición aparente de una cultura escolar cada vez más acorralada por las mismas demandas de los sistemas productivos a transformarse y por una paulatina apatía de sus usuarios –los estudiantes, como manifestación de su descontento; vuelve proclive a la construcción de los jóvenes como un “otro” opuesto, en donde la tensión se expresa en una relación de dominación por un lado (la autoridad, el deber ser) y resistencia por el otro (construcción del yo). En este marco la percepción de muchos profesores respecto de la tecnología es que ésta es responsable de la “crisis” ideológica de los propios estudiantes. Esta situación de in-comprensión mutua tiende a configurar las relaciones sociales en un marco de artificialidad que supone sentencias como “la escuela está atrasada respecto de los jóvenes y la sociedad” o “los jóvenes de hoy son “digitales” y están centrados en las tecnologías y por esto la escuela parece perder sentido para ellos. En ambas sentencias se sesga algo.
En estas perspectivas la relación entre los jóvenes y las tecnologías es situada en un marco de excepcionalidad, narrada y construida en un contexto en el cual las prácticas digitales parecieran correr en paralelo de la cotidianeidad, funcionando en una suerte de universo paralelo. Se ha conformado un visión futurista de la relación entre los jóvenes y las tecnologías, que es explotada por las empresas del medio. La publicidad construye una visión infantilizada y trivial de lo jóvenes, en donde la tecnología aparece como una herramienta exclusivamente de disipación.
(5) Hasta ahora los estudios nos entregan mayoritariamente datos que nos señalan el tipo de tecnologías que los jóvenes consumen habitualmente, como ordenadores, móviles, consolas de juego; el tipo de servicios que solicitan como descargas de música y video. Sabemos sin embargo, poco en relación a cómo se vive esta nueva vida cotidiana con un tipo de tecnología distinta, que empuja de algún modo a prácticas distintas, pero que se construye inevitablemente en un escenario local (contexto) y corporal (físico). Cómo la experimentan los jóvenes, cómo se la representan y que tan visible y dependiente de sus modos de vida es ésta. Hay poco dicho sobre la vida cotidiana y la significación de las tecnologías. Fundamentalmente en un condición cotidiana, cómo las prácticas juveniles se han vuelto más digitales o no y cuáles son los flujos de intercambio y almacenamiento, cuales son los espacios, en el sentido antropológico, en que se constituyen prácticas asociadas a las tecnologías y cuál es el consumo tecnológico en los “no lugares” de la juventud.
Este tipo de reflexiones y de representaciones sobre la tecnología no son usuales y es en esta perspectiva que este estudio pretende acercarse a las prácticas digitales juveniles. El propósito que lo orienta es comprender la relación entre la tecnología y la vida cotidiana de las y los jóvenes entre 12 y 15 años.
Este trabajo es un trabajo exploratorio, que busca, no comprobar hipótesis o supuestos en relación al uso de las tecnologías por parte de los jóvenes, si no tener un primer acercamiento a la descripción de las prácticas digitales de jóvenes entre 12 y 15 años. En este sentido este trabajo es una primera aproximación para generar un marco comprensivo de cómo se vive en esta nueva ecología y como las instituciones educativas pueden imaginar y recoger con mayor información el capital cultural no explícito de sus estudiantes volcado en sus rutinas tanto interna (En el liceo) como externas( fuera del liceo).
Las preguntas que me he planteado:
¿La tecnología intensifica determinados patrones de comportamiento como las relaciones sociales, el juego, el ocio?
¿Se construyen nuevos espacios virtuales/físicos –en torno a la tecnología o que dependen de la existencia de la tecnología?
¿Es posible describir patrones de uso asociados a lugares y prácticas?
¿Qué tecnologías usan habitualmente, cuáles son las preferidas, para qué las usan (es decir si es para leer, qué leen; si es para escribir, qué escriben (correos, avisos, cartas, libros, novelas, graffitis; etc.), cómo las usan (en forma individual, grupal, etc.).
¿Los contextos de uso de las tecnologías definen la relación que se establece con ella, su forma de uso y su intensidad en el uso?
En el marco de estas preguntas me plateo básicamente dos objetivos:
1. Describir las prácticas digitales de jóvenes entre 12 y 15 años.
2. Describir patrones de convergencia de tecnologías según las prácticas de los jóvenes.
[1]
[2] La cursiva es de la autora
domingo
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